Viernes, 12 de agosto de 2005
Qué fácilmente se sustituyen las ilusiones.
Me pregunto si se trata de la edad y de los callos internos.
Ayer hablaba con una amiga que “se escapó” a vivir con su pareja a la otra punta de España. De esto hace ya siete u ocho años. Me decía, que aunque esté feliz y no se arrepienta, no sabría si hoy haría algo similar. Yo le dije que sí, que creía que sería capaz de hacerlo. Luego pensé que quizá no lo tenía tan claro.
Muchas decisiones que se toman desde la impulsividad y del riesgo, tienen que ver con la frescura y con la edad. Y no me refiero a los años sino al cúmulo de experiencias, del tipo que sean, que te dan los mismos. Con más años, te atas menos a ilusiones que supongan riesgos, entonces te pierdes seguro sensaciones preciosas, a la vez que te evitas desilusiones y malos momentos.
Con menos años tienes menos experiencia de ti misma. A medida que vives más de ti, la costumbre rancia se instala en un rinconcito de lo que eres y ya no se va.
Las experiencias no se repiten, pero sí tu manera de afrontarlas.
A mí me desilusiona verme endurecida y enquistada. Me desilusiona saber que si bien tengo una gran capacidad para disfrutar de comer un bocata en invierno en la playa, si dejo de hacerlo, no vivo mal.
Me desilusiona que mis ilusiones se difuminen. Me desilusiona la duda de que quizá, a base de perder (o de ganar en vivencias), se me vaya el arranque para seguir moviéndome en la línea fresca del riesgo de vivir cosas nuevas, una vez más.
Me desilusiona dejar de darme la oportunidad de intentarlo una vez más.
Es como cuando sales por la noche de copas. Yo llevo saliendo en pandilla desde que tengo once años. Ganando horas de calle, de risas de amigos, de bailes, de ligues, de fiestas… ahora salir por la noche me da una infinita pereza. Pienso que he salido mucho, que me no me he perdido casi nada de lo que me ha tocado vivir en cada época. Pienso que esforzarme en salir no tiene sentido, así que solo lo hago cuando surge de forma natural y pese a todo, me voy cuando pienso “hasta aquí he disfrutado, como no quiero dejar de hacerlo, me voy”.
Luego me digo “en casa que no se conoce gente” (o no se la termina de conocer) y que tengo que estar ahí, en la calle… luego me digo que en “ese tipo de calle” (en la de la noche) no estará probablemente la persona a la que quiera encontrar… luego me digo que por qué no, que de la misma forma que estoy yo, puede estar cualquiera con idéntica intención (manifiesta y reconocida o no)… luego me digo que ya no estoy para tantos trotes… luego me digo que cómo que no… y si salgo de manera intencionada y me vuelvo con las mismas (y algunas dosis de risas entremezcladas con copas, que ya os digo que en general me divierto), también me traigo de la calle un poquito de desilusión de esa que aparece con la resaca de por la mañana, por tenue que sea… y aunque la cadena siempre vuelve a empezar, cada vez siento que me vuelvo un poquito más dura por dentro, como el pan de varios días ¿te lo puedes comer? Sí, tostado, o en cualquiera de las recetas para las que sirve el pan duro…. Finalmente te gusta pero el pronto nada más verlo duro es apartarlo e ir a por uno del día ¿no?.
Pues eso, una lástima.
Con las “salidas nocturnas internautas” de esas de cualquier hora del día, me pasa igual.
Y hoy me dan pena las desilusiones, las del resto y también las mías (¿o es a la inversa?)
Por: Myu | General | Comentarios (9) | Referencias (0)
¿sabes qué? que puedes estar tranquila. Que puedes dormir en tu linda casa a la que se entra por una capital de provincia y se sale por una ventana a un bosque de algo que parecen abedules. Que puedes descansar en paz, bañarte en paz, beber o sentarte formando una media luna en tu sofá con un libro de Murakami entre las manos. Porque tienes sin duda esa magia que a otros les falta, esa luz que en otros sí se apaga, esa presencia sorprendente. Porque detrás de ti y de todos los sitios en los que estás, saber que existen tantas dudas, tantas mochilas, tanta generosidad, sólo te hace aún más atractiva.
chavela | 12-08-2005 11:49:55
Sonrío con sonrisa melancólica de sentirme demasiado identificada, y chavela ya ha escrito las palabras que yo escribiría, así que mejor me quedo en silencio...
pd: ¿te he dicho ya que me encanta el pan? blando, duro, en tostadas, de hogaza, de horno de leña... en cualquiera de sus modalidades no sé vivir sin pan... (incluso mi casa es una antigua panadería, con un horno de piedra todavía sin abrir...)
desde mi cajita | 12-08-2005 12:04:37
Uhm, así sin pensar, podría discutirte algunas frases. Y las frases siempre tienen detrás cosas más o menos tangibles pero visibles, ¿no? Será que no.
nadadora | 12-08-2005 21:34:08
mi abuelo siempre pedia que le guardaramos el pan duro y es que el pan duro siempre se pone blandito, es que el pan duro es sabio... y mi tia antes de tirar el pan le daba un besito..
y es que nadie que diga que es pan duro lo es...
y es que tu niña mar no lo eres...
pero un día tb te daras cuenta...
un abrazo desde el mar
elena | 18-08-2005 12:51:10
Hester Prynne | 28-08-2005 06:43:19
Me ha encantado tu post tal vez por lo identificada que me he podido sentir.
Y respecto al "pan duro" mi hermana, de pequeña, prefería desayunar pan duro en lugar de las riquísimas magdalenas caseras que hacía mi tía.
Aunque apenas te dejo comentarios, soy de las que siguen tu blog.
Un beso
Cuquina | 29-08-2005 14:43:59
Siento exactamente lo mismo que tú, sobre todo con lo de las salidas nocturnas. Aún así, sigo, como tú, haciéndolo. No quiero pensar que a mis 32 años ya no estoy para estos trotes; estoy para estos y para muchos más, pero lo cierto es que la desilusión, a veces, se clava por dentro. Sólo hay que sacar la espina, una gotita de Betadine y a la calle. Hay que seguir, cualquier otra opción es inservible.
Un besito.
Joy | 01-09-2005 14:07:08
Solo me sale un gracias gigante, Chavela, Djuna, Nadadora, Elena, Hester, Cuquina, Joy (bienvenida), por estar, por entender, por esperar…
Besos repartidos.
Myu | 05-09-2005 14:27:29
CristinA. (EPV) | 17-03-2006 11:32:48
Quizás esté escondido en algún rincón. Quizás haya emprendido un largo viaje y se haya olvidado de regresar. Pero enamorarse, al fin y al cabo, no tiene ninguna lógica. A lo mejor, de repente, el deseo aparece de la nada y te atrapa. Mañana mismo. Sumire apartó la mirada del cielo y la clavó en mi rostro. –¿Como un tornado a través de la llanura? –Si quieres llamarlo así. Por unos instantes, ella imaginó un tornado a través de la llanura. –Por cierto, ¿has visto alguna vez un auténtico tornado a través de la llanura? –Nunca –contesté–. En Musashino no suelen verse tornados en vivo (y debería añadir que es de agradecer). Aproximadamente medio año después, mis predicciones se cumplieron y Sumire se enamoró de forma fulminante, sin lógica alguna y con la furia de un tornado a través de la llanura. Se enamoró de una mujer casada diecisiete años mayor. De “Sputnik, mi amor”.
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