Martes, 05 de julio de 2005
He vuelto de pasar varios días en Madrid.
Y sí, he estado en el “orgullo”, pero también tenía varias razones para subir. Sí fuese como Hester, hablaría de la manifestación, del ambientazo de Chueca… pero eso forma parte de lo anecdótico, éste año de lo histórico (me gusta haberlo participado). Me quedo con la sensación de libertad de debajo de unos olivos, tumbada en el césped, bebiendo cerveza con unos amigos, con esa sensación de “rato” que es difícil de contar, por la aparente simplicidad y a la vez la inmensa satisfacción… me quedo con la sensación de estar “a meced” debajo de un chorro de agua que nos regaba a todos hasta quedar completamente empapados, así, como si tal cosa. Me quedo con muchas otras cosas que al volver, siento una profunda incapacidad de expresar más allá de los circuitos nocturnos de carretera de vuelta a la realidad.
Cuando vuelvo de Madrid, después del tren, cuando ya no estoy más que yo, dispongo de una hora para repasar la cantidad de sensaciones vividas en solo varios días. Cuando voy en el coche de camino a casa, es cuando pienso. Me encanta conducir de noche. Pienso en la cantidad de viajes de “vuelta” que he hecho de la misma manera. Pienso en los estratos en los que me desenvuelvo, en los diferentes planos que existen en mi vida, en si la vida puede ser siempre en estratos ¿y por qué no? me pregunto. Pienso en la cantidad de cosas que me quedan por hacer, en lo que soy capaz de disfrutar y en lo que en estos pocos días he conseguido y no he sido del todo capaz de conseguir a la vez. Rememoro mientras conduzco, las situaciones, los entornos, las charlas, las compañías, los contextos… todo entremezclado, todo en un solo lote, así agitado.
Cuando vuelvo a casa necesito tiempo para reubicarme y siento que no dispongo de él, porque ya tengo el calendario repleto de actividad que no puedo detener. Actividad que nada tiene que ver con capa de la que vengo. Y me sumerjo en el agua y así, sin nadar, me doy cuenta de la sensación tan agradable que es estar dentro del mar.
Por: Myu | General | Comentarios (4) | Referencias (0)
Sin duda hay que sumergirse en el mar para poner en orden todos los estratos... las palabras no siempre sirven...
desde mi cajita | 06-07-2005 01:09:23
Aquí una madrileña a la que dejaste huérfana con tu marcha. Aquí una madrileña que te vió preciosa esa noche de viernes esperándome en una barra de Chueca. ¿Y ese pesado que te acosaba? Jaja. Aquí una madrileña que adoró tu ron miel, que se cayó por las escaleras por comprarte el desayuno, que tomó tinto de verano con el paisaje de Madrid desde un octavo piso, que te cocinó pasta con nata de soja y papas arrugás con mojo picón, que te adoró como te adora siempre, como te adorará siempre.
Hester Prynne | 11-07-2005 21:07:46
¿Quién después de leer las cosas tan bonitas que escribes, que dices, puede creer que más de la mitad de lo que es Hester no lo transmiten sus palabras sino su cara, sus gestos, sus formas, sus risas y su genio? ¿Quién después de leerte tan linda y tan dulce creerá que no es ni la mitad de lo que eres en general?
Maga, lo digo siempre, que convierte lo que mira en maravillas, que hace malabares con la gente como quiere… Puñetera! Qué conmueves como nadie!
Y a todo esto ¿Cómo está esa espalda, que ya no es tuya? A parte de felizmente enamorada…
Myu | 11-07-2005 23:57:13
Ay... He vuelto a leer este comentario despues de tanto tiempo... que nostalgia de aquellos dias, de este verano que acaba de terminar, de ti, Myu, del calor, de las calles, de reirnos, del amor presente en carne y hueso... La exiliada.
Hester Prynne | 21-09-2005 05:12:07
Quizás esté escondido en algún rincón. Quizás haya emprendido un largo viaje y se haya olvidado de regresar. Pero enamorarse, al fin y al cabo, no tiene ninguna lógica. A lo mejor, de repente, el deseo aparece de la nada y te atrapa. Mañana mismo. Sumire apartó la mirada del cielo y la clavó en mi rostro. –¿Como un tornado a través de la llanura? –Si quieres llamarlo así. Por unos instantes, ella imaginó un tornado a través de la llanura. –Por cierto, ¿has visto alguna vez un auténtico tornado a través de la llanura? –Nunca –contesté–. En Musashino no suelen verse tornados en vivo (y debería añadir que es de agradecer). Aproximadamente medio año después, mis predicciones se cumplieron y Sumire se enamoró de forma fulminante, sin lógica alguna y con la furia de un tornado a través de la llanura. Se enamoró de una mujer casada diecisiete años mayor. De “Sputnik, mi amor”.
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