Domingo, 26 de junio de 2005
El mar, señalándome de manera descarada que está vivo, que yo también lo estoy.
Con mareas altas, con olas que arrancan espacios poco a poco. Ganando protagonismo, subiendo cada vez más, mojando arenas secas, borrando huellas de paseos por la orilla que ya han sido, que ya no están.
Con mareas bajas, arrastrando lo suyo hacia adentro, la arena, las conchas, permitiendo las marcas de las gentes, dejando los castillos al sol que los desmorona…
Yo soy de mar abierto, del de mareas. Soy turbia y a veces transparente, cambio de colores. Soy llana y enrevesada. Me siento con mucho arranque y me muevo alto, pero en ocasiones no termino de romper y me quedo meciéndome. Atraigo hacia adentro y arrojo lejos de mí. Me llevo cosas por delante y me estrello, pero también desarrollo lentamente las resacas. Me quedo corta porque el mar sigue más allá de hasta donde yo veo, más allá de lo que yo soy.
Yo soy todas esas cosas y más. Quien no sepa lo que es el mar con mareas, difícilmente sabrá quién soy.
Por: Myu | General | Comentarios (1) | Referencias (0)
Quizás esté escondido en algún rincón. Quizás haya emprendido un largo viaje y se haya olvidado de regresar. Pero enamorarse, al fin y al cabo, no tiene ninguna lógica. A lo mejor, de repente, el deseo aparece de la nada y te atrapa. Mañana mismo. Sumire apartó la mirada del cielo y la clavó en mi rostro. –¿Como un tornado a través de la llanura? –Si quieres llamarlo así. Por unos instantes, ella imaginó un tornado a través de la llanura. –Por cierto, ¿has visto alguna vez un auténtico tornado a través de la llanura? –Nunca –contesté–. En Musashino no suelen verse tornados en vivo (y debería añadir que es de agradecer). Aproximadamente medio año después, mis predicciones se cumplieron y Sumire se enamoró de forma fulminante, sin lógica alguna y con la furia de un tornado a través de la llanura. Se enamoró de una mujer casada diecisiete años mayor. De “Sputnik, mi amor”.
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