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Soy de Mar

Miércoles, 22 de junio de 2005

¿Hambres?

Cuando era pequeña venían a las puertas de casa, de vez en cuando, “pobres” que pedían algo de comida. Con el tiempo las personas cambiaron y pedían otras cosas, que las escuchases, que les comprases o que permitieses que te mintiesen… luego dejó de venir gente.
Recuerdo también, muy al principio de empezar la gente a pedir en los semáforos, en el coche, a mí madre decirle a mi padre “Ramón, no les des ¿no ves que es para droga?”, a lo que mi padre siempre respondía “y no es bastante desgracia ya estar en esa situación”… había un poco de todo en los comentarios de los dos. En mi madre había una intolerancia de sentirse por encima de lo correcto e incorrecto y una fe absurda en una parroquia que distribuiría “de verdad” a los “más necesitados”. También una ausencia de saber de verdad lo que es la necesidad, del tipo que fuere. En mi padre quizá había un exceso de carencias y necesidades, en cualquiera de sus tipos. Otro poco de desposeerse de la culpa que le generaba entonces la diferencia. Yo sin embargo, siempre me sentí más cercana a mi padre, en ese como en otros aspectos.
Acaba de sonar mi puerta, no espero a nadie y aún es temprano para que se presente algún amigo-ocupa para contarme su vida (y yo la mía) en torno a una cerveza.
Desde que vivo sola no ha sonado la puerta a “deshora” (supongo que a excepción del contador del gas, que nunca me encuentra aquí y siempre me deja papelitos).
He abierto (después de mirilla, lo reconozco) y era una chica que no tendría mi edad. Con calor, todo el que hace hoy. No estaba drogada (sé identificar a los consumidores de heroína). Me ha dicho “señora” y me ha pedido un paquete de arroz, leche o “algo de comida, por favor”.
No he pensado en mi madre que se preguntaría si es la forma adecuada o no.
Me he acordado de mi padre y como cada día que llueve y yo estoy en casa, he pensado que “yo no tengo que hacerlo” por los motivos que sean. Me he preguntado por qué me ha llamado señora ¿a mí? y qué me hace estar a éste lado de la puerta, dentro del coche.
He llegado otra vez aquí y he visto que el título de mi anterior post se llama Hambre y me he preguntado ¿qué sabes tú de hambres?

Por: Myu | General | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Ciertamente, desde nuestro lado del mundo, o desde nuestro lado de la puerta simplemente, no sabemos mucho de "hambres". De eso fui plenamente consciente en mi viaje a un país pobre a un pueblo pobre de verdad, de esos que para nosotros sólo son escenarios de los documentales de la 2. Y allí vi el hambre de cerca, vi a mi hermano pasar hambre por compartir su comida con gente que tenía más hambre que él, y en un hospital tuve a una niña desnutrida en mis brazos... Esos días allí (que fueron pocos, muy pocos) me preguntaba cómo después de haber visto aquel lado del mundo podría volver a mi vida burguesa de aquí, a mi lado de la puerta... Y al final una vuelve y se acostumbra rápido al mundo tan irreal de aquí, tan cómodo, tan de derroche... Pero una vuelve cambiada, y vuelve con otros ojos, y también se pregunta "¿qué sabes tú de hambres?"...

la chica del blog de la caja | 22-06-2005 19:34:10

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Quizás esté escondido en algún rincón. Quizás haya emprendido un largo viaje y se haya olvidado de regresar. Pero enamorarse, al fin y al cabo, no tiene ninguna lógica. A lo mejor, de repente, el deseo aparece de la nada y te atrapa. Mañana mismo. Sumire apartó la mirada del cielo y la clavó en mi rostro. –¿Como un tornado a través de la llanura? –Si quieres llamarlo así. Por unos instantes, ella imaginó un tornado a través de la llanura. –Por cierto, ¿has visto alguna vez un auténtico tornado a través de la llanura? –Nunca –contesté–. En Musashino no suelen verse tornados en vivo (y debería añadir que es de agradecer). Aproximadamente medio año después, mis predicciones se cumplieron y Sumire se enamoró de forma fulminante, sin lógica alguna y con la furia de un tornado a través de la llanura. Se enamoró de una mujer casada diecisiete años mayor. De “Sputnik, mi amor”.

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