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Soy de Mar

Sábado, 11 de junio de 2005

Impostando

Había un juego al que me gustaba jugar de pequeña, jugar sola.
Mi juego era para jugar sola, no podía ser de otra manera y si lo contaba, dejaba de tener sentido.
Con la edad a la que ya no me acompañaba nadie al colegio, que era desde bastante pequeña porque no tenía que cruzar ninguna carretera y sólo dar la vuelta a la manzana, fue cuando empezó todo.
Me gustaba comenzar desde casa, nada más despertar. Sabía que mi juego duraría sólo un rato y después de llegar al colegio, se acabaría para volver a empezar al día siguiente (si yo quería), así que no disponía de mucho tiempo.

Me despertaba y no era yo.
La niña que se levantaba de esa cama, no era la persona que todos conocían como tal, era otra. Yo, la del momento, era una persona completamente nueva y había aparecido en aquella habitación no sabía por qué. Era como si fuese una “marciana” a la que había metido alguien dentro de ese cuerpo que ya pertenecía a otra Myu, que desde luego no era yo, o no era la que estaba dentro en ese momento. La verdadera no sé cual era realmente, si la que estaba allí o la dueña de todo aquello, de la habitación, de los clic, de los coches, de las cajas de zapatos convertidas en casitas en miniatura, de las ropas… pero eso poco importaba.
Lo cierto es que aparecía una señora que me decía que me diese prisa que como siempre iba a llegar tarde al colegio… ¿al colegio? ¿qué es colegio? ¿quién es esa mujer? Todo era extraño…. Nada de lo que había era conocido para mí, todo era ajeno, pero nadie se había dado cuenta, así que supongo que debía representar y disimular que en realidad no entendía nada y que todo, absolutamente todo era nuevo para mi… luego, cuando tuviese más información, vería qué hacer… así que me vestía con ropas que no eran mías, pero hacía como que lo eran, andaba por los pasillos de una casa que no reconocía, y en vez de llegar a la cocina, desde dónde me llamaba la que se suponía que era mi madre, yo entraba antes en el baño y me decía “oh!, aquí no es”, hasta que llegaba a descubrir qué era la cocina y dónde estaba… tomaba un desayuno que parecía ser que me gustaba y dejaba que me pusiesen un lazo en el pelo (esta vez sin protestar, porque no sabía que era aquello, así que no podía saber que “odiaba el dichoso lazo”).
Iba representando mi papel, completamente extrañada por todo, mi madre me daba unas monedas que aceptaba para luego “descubrir” qué haría con aquello y me decía también que la cartera estaba en la entrada…
Disimulaba, estaba claro que nadie se había dado cuenta de que yo no era la que todos pensaban que era, pero no me inquietaba, estaba tranquila, nada era realmente malo.
- “Myu, las bolas, que se te olvidan! Y ponte bien esos cuellos!”
Salía a la calle sin rumbo fijo, con aquella maletita marrón, una bolsa de trapo llena de bolas y sin saber a dónde me tenía que dirigir. Pero no pasaba nada porque todo “se iba sucediendo” mientras la gente actuaba con normalidad, como si me conociesen, así que así debía ser…..no tendría más que dejarme llevar y estar atenta a las pistas como hasta ahora, para ir descubriendo las cosas yo solita. Me cruzaba con la señora que limpiaba el portal “buenos días”, “buenos días” no había visto jamás a esa señora, pero haré como que la conozco…
“¿Dónde se suponía que debía ir ahora?” estaba sola, pero era lista (menos mal, pensaba), así que miraba a los lados buscando pistas de qué era lo que podría hacer… todo lo veía por primera vez, la calle, los coches y la gente montada en ellos, los perros, los portales… nada sabía para qué era, ni su nombre ni para qué servía… ¿qué hago? Y me paraba un poquito así, sin que quedase claro que realmente todo era ajeno, disimulando, siempre disimulando…
Allí hay una niña que viste igual que yo, lleva la misma falda y jersey azul marino, caminaré detrás de ella, a una cierta distancia, para que no note que “yo no soy la que todos creen”…. “hola” (me ha dicho hola), sonrío, vamos juntas andando…. Me habla, y yo haciendo que la entendía, pero sin responder a preguntas concretas porque no conocía las respuestas que se suponía que debía dar, resistía… “aún no se ha dado cuenta de que no soy yo”….
Y así era todo hasta que lo podía mantener, que solía ser al llegar al colegio. Una vez allí, ya no podía estar más tiempo disimulando una perplejidad que realmente sentía, porque de verdad me convencía de tal forma, me metía en “mi juego” hasta tal punto que dejaba de ser yo, para ser otra persona nueva, diferente, simplemente distinta….

Era divertidísimo y era un secreto, así que tenía dos de los grandes componentes de fascinación de cuando eres pequeña.
En mi adolescencia ya no jugaba, pero en alguna ocasión pensé que quizá aquella que se despertaba algunas mañanas y no era yo, se había ido “apropiando” de la vida de la que ahora estaba aquí. Cada vez había ido usurpando más terreno, más cosas, más esencia de mí misma en definitiva… y a veces no sabía bien qué parte era de cada una, qué era inventado y qué era de verdad… pero supongo que en la adolescencia, a todos nos pasa un poco lo mismo.
El desconcierto se apodera de mí hoy, cuando en la adultez me siento desdoblada en ocasiones, como si una parte de mí hubiese marchado lejos y me hubiese dejado aquí, sola, para representar un guión de vida que no me he estudiado, que no conozco. Como si una mañana cualquiera, al despertar, me dan una casa, unas ropas, una ciudad, una familia, que no son mías, que no me identifican, que casi no conozco… y saber que no cuento con más armas que mi imaginación, para desenvolverme en todo esto que no es nuevo, pero es ajeno.

Con la edad a la que ya no me acompañaba nadie al colegio, que era desde bastante pequeña porque no tenía que cruzar ninguna carretera y sólo dar la vuelta a la manzana, fue cuando empezó todo. Con la edad en la que ya te tienes que ir enterando de que tu vida es tuya.

Por: Myu | General | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Ahora soy yo quien te sigue...

desde mi cajita | 11-06-2005 11:41:38

Cada vez que regreso, me gusta recorrer mi ciudad como si fuera extranjera... Voy a la Oficina de Información y Turismo, pido un plano, me invento un lugar de origen cualquiera, pregunto a los traseuntes por cierto lugar o calle que en realidad sé dónde están... renuevo mi visión de la ciudad, y en esos paseos, como extranjera, pienso que podría vivir allí por siempre...

más desde mi cajita | 11-06-2005 12:27:10

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Quizás esté escondido en algún rincón. Quizás haya emprendido un largo viaje y se haya olvidado de regresar. Pero enamorarse, al fin y al cabo, no tiene ninguna lógica. A lo mejor, de repente, el deseo aparece de la nada y te atrapa. Mañana mismo. Sumire apartó la mirada del cielo y la clavó en mi rostro. –¿Como un tornado a través de la llanura? –Si quieres llamarlo así. Por unos instantes, ella imaginó un tornado a través de la llanura. –Por cierto, ¿has visto alguna vez un auténtico tornado a través de la llanura? –Nunca –contesté–. En Musashino no suelen verse tornados en vivo (y debería añadir que es de agradecer). Aproximadamente medio año después, mis predicciones se cumplieron y Sumire se enamoró de forma fulminante, sin lógica alguna y con la furia de un tornado a través de la llanura. Se enamoró de una mujer casada diecisiete años mayor. De “Sputnik, mi amor”.

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