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Soy de Mar

Miércoles, 08 de junio de 2005

Aprendiendo a mirar

Esta mañana, muy temprano y de camino al trabajo, me he cruzado con gente, pero hoy me he vuelto a dar cuenta de que “no las miro”.
A ver, no me voy chocando por ahí, aunque estoy medio dormida, soy perfectamente consciente de mi deambular. Pero ésta mañana me he dado cuenta de que pese a ser una persona “poco discreta” (que no es lo mismo que indiscreta), soy el perfecto resultado de la educación de mi madre, o bien para asentir y asumir sus pautas o bien para revelarme y hacer todo lo contrario. El que yo no mire a la gente por la calle forma parte de la asunción de pautas.

Recuerdo de pequeñita, pasear por la calle, de la mano de mi madre y al ver pasar a algo “atípico” (en cuanto a menos usual para una niña de pocos años) como por ejemplo una persona discapacitada en silla de ruedas, alguien con muletas, una persona de otra raza distinta de la mía, un anciano andando muy, muy despacito… recuerdo quedarme embobada. Embobada y con la mirada siguiendo el recorrido de la persona… al momento mi madre me increpaba (apretándome la mano que me guiaba) y me decía “Myu, no se mira!”…”¿y por qué no, mamá?” “pues porque a ti no te gustaría que te mirasen así detenidamente como alguien diferente, quizá a la gente le moleste, así que no se mira”.
Entendí bien (o eso creo) que el hecho de “significarse” si no es por iniciativa propia, sino por causas distintas, podría resultar molesto. Así que automáticamente dejé de mirar.

Después de muchos años, si me cruzo con una persona que sufre de obesidad, con alguien que cojea, que no ve, o cualquier cosa similar “por respeto”, no la miro. Pero tampoco miro al resto. Casi diría que lo he automatizado.
Llegado a éste punto, no miro más que para indicar (de esa forma no verbal que todos usamos) por dónde voy a pasar, por muy atractiva que me resulte la persona o por muy estrambótica que me parezca. Así que no miro. No miro ni a la gente que me gusta, no miro a las mujeres. Se trata de algo que me parece que está “mal”, vuelvo a los cinco años como un resorte y me cruzo con “nadie”.

Hoy me he dado cuenta de que me pierdo muchas cosas. Me pierdo miradas del resto, sus gestos, sus ademanes, sus andares, sus formas, sus ritmos al andar… me pierdo cosas que me gustaría ver y que solo veo en otros contextos en dónde me siento libre de la culpa del “eso no se hace”.
¿Y por qué no se hace?.
Me gustaría mirar a las mujeres que me atraen, me gustaría no bajar la cabeza sino “hablarles” y decirles que me gustan. Me gustaría ser más libre de esa pesada educación moral que me censura partes de quien soy. Soy una persona que me gusta mirar y ser mirada.
Me gusta pasear por Madrid y mirar a las mujeres, porque cuando lo hago siento de manera diferente, siento que no peco, siento que “puedo”, siento que “está permitido mirar”, siento una sensación de desnudez de normas que me hace más ligera de equipaje social, siento, en definitiva como una adulta (aunque aún me acuerdo de mi madre).

Por: Myu | General | Comentarios (3) | Referencias (0)

Comentarios

Decirte que desde hace un mes aproximadamente voy pegada a una muleta, y no entiendo las miradas de la gente, qué es lo que buscan? incluso en voz alta digo: Si... voy cojeando! es que nunca han visto a una coja!empiezan escudriñando la muleta hasta que anclan la vista en mi pie, y sabes, Dios! no me siento respetada! Me revuelvo de tal manera que incluso el otro día que me cruzé con alguien conocido, y efectuó la misma operación, me acerqué y le pregunté: Me puedes decir que coño estás mirando! Se quedó blanco, agachó la cabeza, cosa que odio y no me contestó, luego dicen que soy rebelde pero hay comportamientos que sinceramente me pueden.

Ormai | 06-10-2005 21:54:52

Ormai, yo anduve durante tres meses con dos muletas, luego con un bastón y luego cojeando durante mucho más tiempo (de hecho aún cuando me descuido o estoy cansada, lo hago). Sé entonces bien de lo que me hablas e incluso lo que es escuchar que por la calle unos niños me dijesen “coja”… recuerdo no darme cuenta de que me lo decían a mí, hasta después de unos minutos… ya ves. Entendí a mi madre verdaderamente a raíz de aquello….

Myu | 07-10-2005 00:05:17

Gracias Myu, todavía estaré asida a mi muleta un tiempo, mi condición no es la sumisión ni la indiferencia frente a tanta carencia de sensibilidad, pero me ayudará a seguir creciendo como persona y a entender mucho más a aquellas personas que viven una situación así,injustamente, siempre. Y a quedarme con aquellas situaciones que me demuestran que hay personas que te miran y te tienden una mano.
Mira, me pasó una cosa muy curiosa, llegaba a casa, venía de comprar el pan, saqué las llaves, y claro me faltaban manos,apareció un señor muy amable, que me ayudó a abrir la puerta,me preguntó que me había pasado,y me dijo que en estas situaciones es cuando entendemos lo de las barreras... verdad? Al cabo de unos días me lo encontré otra vez y me preguntó que como seguía.............y ya para más casualidad el último encuentro fue en la sala de espera de la consulta del médico, allí con su sonrisa, con su mirada serena, sin juzgarme por mi cojera. Parecía Maichel Landon en Autopista hacía el cielo (no sé si te acordarás de la serie), quizás para recordarme que entre tanto capullo suelto siempre hay un ángel.

Ormai | 07-10-2005 01:43:58

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Quizás esté escondido en algún rincón. Quizás haya emprendido un largo viaje y se haya olvidado de regresar. Pero enamorarse, al fin y al cabo, no tiene ninguna lógica. A lo mejor, de repente, el deseo aparece de la nada y te atrapa. Mañana mismo. Sumire apartó la mirada del cielo y la clavó en mi rostro. –¿Como un tornado a través de la llanura? –Si quieres llamarlo así. Por unos instantes, ella imaginó un tornado a través de la llanura. –Por cierto, ¿has visto alguna vez un auténtico tornado a través de la llanura? –Nunca –contesté–. En Musashino no suelen verse tornados en vivo (y debería añadir que es de agradecer). Aproximadamente medio año después, mis predicciones se cumplieron y Sumire se enamoró de forma fulminante, sin lógica alguna y con la furia de un tornado a través de la llanura. Se enamoró de una mujer casada diecisiete años mayor. De “Sputnik, mi amor”.

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